Sexo en los conventos
Cuanto más severas son las
normas impuestas en las comunidades tanto más la perversión tiende a implicar
en masa a sus componentes. En una alternancia de perfumes de flores y
exhalaciones de azufre, entrando en verdaderas orgías colectivas que la
Iglesia, al asignarlos a la acción de los demonios, soluciona astutamente por
medio de exorcismos en vez de confiarlos a la psiquiatría.
Entre la infinidad de casos
prorrogados por las crónicas, citamos como ejemplo, para demostrar el
oscurantismo existente en la religión cristiana, el informe firmado por cuatro
obispos presentes en los exorcismos efectuados en el convento de Auxonne:
"Las religiosas vomitan horribles blasfemios durante las santas misas y
los ritos efectuados para liberarlas de la posesión diabolica." Sus
cuerpos se caracterizan por señales de un determinado carácter sobrenatural,
hechas por los demonios. Las hermanas asumen - durante los exorcismos - posiciones
que requieren una fuerza sobrehumana, como prosternarse por tierra con la punta
del vientre mientras que el cuerpo curvado se extiende en el aire, o doblado
hasta el punto en que la cabeza toca la punta de los pies ".
Y aún: " En el convento
de Nazareth en Colonia, las religiosas se alargaban por tierra y, como si
tuviesen un hombre sobre ellas, repetían los movimientos del coito ".
En el convento de Louvière en
Bélgica, " Las orgías colectivas se consumían en una alternancia de
éxtasis, durante las cuales las hermanas a rodillas alegaban a Jesús, y crisis
neurasténicas durante las cuales ofrecían sus partes posteriores descubiertas
al Demonio que solicitaba poseerlas".
Después de detenernos
brevemente sobre estos delirios psíquicos de los cuales la Iglesia negó su
responsabilidad, (que bién pueda venir de su imposición a la abstinencia)
asignándolos a la acción del Demonio, pasamos ahora en examen aquéllos que, en
la cumbre de un descaro sin límites, transformaron de crisis epilépticas en
éxtasis santificadas.
Santa Margarita Maria
Alacoque, después de haber hecho voto de castidad a los cuatro años y después
de haber entrado en convento a los ocho, comienza a tener sus primeros
contactos extáticos con Jesús, " su novio ", a los quince.
De su biografía:
1 " Cuando estaba frente
a Jesús me consumía como una vela en el contacto enamorado que tenía con
él".
2 " Yo era de un carácter
tan delicado que la menor suciedad me levantaba el corazón. - Jesús me regañó
vigorosamente por mi debilidad y yo reaccioné contra ella con tanto coraje que
un día limpié con mi lengua el suelo ensuciado por el vómito de un enfermo. Me
hizo gozar tanta delicia en esta acción que habría deseado tener la ocasión
para poder hacerlo todos los días ". (Masoquismo de delirio histérico)
3 " Una vez mostré cierta
repugnancia en el momento de servir a un enfermo que tenía disentería. Jesús me
regañó tan severamente que, con el fin de reparar, me llené la boca de sus
excrementos " me los hubieses tragado si la Norma no prohibiera comer fuera
de las comidas. " (Ídem)"
4 " Un día que Jesús se
puso sobre mi con todo su peso, respondió de esta forma a mis protestas:"
''Dejame que pueda usar ti según mi placer ya que cada cosa debe hacerse a su
tiempo. Ahora quiero que seas el objeto de mi amor, abandonada a mis
voluntades, sin resistencia de tu parte, para que pueda gozar de ti.'' (Coito
vivido físicamente por medio de la imaginación).
La repetición de actos de
masoquismo alternados con éxtasis durante los cuales Maria Alacoque vivía de la
manera más carnal acoplamientos con Jesús, a quien llamaba " mi novio
", fueron tan frecuentes que la vuelven, según los psicólogos, un clásico
caso de erotomanía histérica.
La Iglesia, aprovechando la
credulidad y la ignorancia humana, dio origen al apostolado del sagrado Corazón
basándose sobre las afirmaciones de una ninfómana cuyos éxtasis reveladores no
son nada mas, en la realidad de los hechos, que crisis catalépticas causadas
por una absoluta represión sexual.
Y, como le sucedió a otras
santas místicas, la Virgen Maria aparecía continuamente a Margarita Alacoque.
5 "La Virgen me aparecía
a menudo, haciéndome caricias inexplicables y prometiéndome su protección
".
Esta intromisión de la Virgen
en las relaciones amorosas entre las Santas y Jesús encuentran una alineación
en la necesidad que tenían de tener el consentimiento de la madre de aquél que
les gustaba de una manera clandestina por medio de sus éxtasis. La relación
enamorada, con su carácter sexual y a consecuencia pecadero, les daba un
complejo de culpabilidad del que intentaban liberarse, con el fin de poder
gozar plenamente de los acoplamientos, no sólo obteniendo el consentimiento de
la madre de su amante sino también haciéndolo público por medio de sus autobiografías.
Estas biografías eran sus catharsis, es decir, la liberación de un sentimiento
de culpabilidad, que utilizarán como una confesión liberatoria en la cual
describen todos los detalles de sus orgasmos haciendo así verdaderos Tratados
de pornografía.
Santa María de la Encarnación,
después de haber solicitado a Jesús, su esposo, a unirse con ella con palabras
que tienen realmente muy poca espiritualidad: ¿"Entonces, mi adorado
amante, cuándo haremos este acoplamiento?" , así escribe en su biografía
lo que sentía en la histeria de sus éxtasis " Durante ests encantos me
parecía tener dentro de mi ser, unos brazos que tendía para abrazar al que
tanto deseaba ".
Santa Guyon, asceta y
penitente, escribio que durante una éxtasis Jésus la habia llevado a un bosque
de cedros donde había una habitación con dos camas y ella le pregunto para
quién era la segunda cama, este le respondio: "Una es para ti, que eres mi
esposa, y la otra es para mi madre", y al referirse a continuación a los
placeres sexuales que alcanzaba en las éxtasis, escribe aún en su libro:
"Llegaba a poseer a Jesús, no de la manera que se entiende espiritual por
medio del pensamiento, sino de forma tan tangible que sentía la participación
del cuerpo como en la realidad ".
Cuando a continuación
regresaba a la normalidad, si se puede decir, reteniendo el cuerpo responsable
de sus pecados, se hostigaba contra él infligiendose las sevicias más atroces:
"Para mortificar mi cuerpo lamía los escupitajos más asquerosos … Me ponía
pequeñas piedras en los zapatos… Y me extraia dientes aunque que estos aun
fueses sanos…"
De la biografía de Santa
Ángela de Foliño: " ... Durante los éxtasis era como si fuese poseída por
un instrumento que me penetrase y se retirase rasgándome las entrañas …Estaba
llenada de amor y satisfecha de inestimable plenitud … Mis miembros, se
quebraban de deseo mientras que languidecía, languidecía, languidecía … A
continuación, cuando regresaba de estos encantos de amor, me sentía tan ligera
y satisfecha que amaba incluso a los demonios… ".(Muy bella descripción de
la paz de los sentidos que prosiguen el orgasmo femenino!).
Santa Ángela de Foliño, tan
consciente que los placeres que probaba durante sus éxtasis eran de carácter
sexual, declaró ser la víctima de un "Vicio que no me atrevo a
nombrar", un vicio de concupiscencia del cual intentaba liberarse
metiendose "Carbones ardientes sobre la vagina para apaciguar los
ardores" ! !
Santa Rosa de Lima para poder
vivir placeres sexuales lo más libremente posible de todo sentimiento de
culpabilidad, como si el hecho de sufrir un castigo pudiese autorizarla a
cometer el delito, castigaba su cuerpo antes de los éxtasis con sevicias que
hacen temblar : "A pesar del hecho de que el confesor la exhortara a no
exagerar, consiguió darse cinco mil latigazos en cuatro días …"
Santa Juana de los Ángeles,
fue ella quién, como superior de un convento de Ursulinas, con sus éxtasis
repetidas transmitió la histeria a toda la comunidad.
De una crónica de esos tiempos
: "Todas las religiosas del convento de las Ursulinas de Loudun, donde
Madre Juana de los Ángeles era superior, comenzaron a gritar, escupir,
desnudarse, mostrándose en completa desnudez".
Un cierto Robbyns, cronista de
este tiempo, presente durante una de estas crisis colectivas, en la descripción
de los hechos que relató, se detiene sobre un detalle: "La Hermana Clara
cayó al suelo y en un estado de ansiedad absoluto siguió masturbandose y
gritando : "Follenme, follenme…", hasta el momento en que tomó un
crucifijo y lo utilizó de una manera que mi pudor me impide que lo
escriba".
Encargado por el episcopado,
un cierto padre confesor, llamado Surín, practicó exorcismos en el convento, y
muy pronto el también se implicó en estas orgías de las cuales escribió:
"Mi lengua probaba a Dios como cuando bebo el vino Muscado o como
albaricoques". (No creo que sea necesario explicaciones para comprender
dónde buscaba a Dios con la lengua!)
El padre Surín fue sustituido
por otro sacerdote exorcista llamado Ressés, quién, resistiendo a toda tentación,
consigue liberar el convento de los demonios. Como prueba del exorcismo
triunfador, tomó la interrupción del embarazo de la misma superior Juana de los
Ángeles, pretendiendo que la había hecho abortar liberándola del demonio con
agua bendita.
Puesto que esta afirmó haber
sido curada por San José quién le había aparecido durante el exorcismo, la
Iglesia, tomando la oportunidad ofrecida, consigue transformar las orgías
sexuales del monasterio de Loudun en manifestaciones edificantes, gritando al
milagro. Las telas y trapos utilizados por Juana de los Ángeles para curar sus
heridas producidas por las flagelaciones, transformados en objetos benditos,
fueron utilizados para " curar " a los enfermos que comenzaron a
llegar al convento en peregrinajes organizados.
Considerada desde entonces
como una Santa curadera, Juana de los Ángeles comenzó a recorrer toda Francia
para curar a los minusválidos y la fama que obtuvo fue tal que el mismo
Cardenal Richelieu la invitó ante él para que esta aliviase los fuertes dolores
que le provocaban sus hemorroïdes. En una crónica del tiempo se afirmó que
entre las numerosas personalidades que recibieron atenciones milagrosas por
parte de esta Santa Juana de los Ángeles, la no menos famosa Ana de Austria,
enferma por un parto con complicaciones, se sintió aliviada al tocar un pedazo
de su camisa. Es asi como, utilizando el arte de la mistificacion del cual es
maestra, la Iglesia consigue una vez más extraer agua de su molino,
transformando en santidad una histeria producida por su represión sexual.
Santa Teresa de Avila es
probablemente una de las más representativas de este mundo de ninfómanas
reprimidas que llenan el Paraíso de los cristianos. Podría representar un
ejemplo clásico y citarse en los libros de sexología como demostración de los
daños cerebrales que puede producir la abstinencia sexual.
De su autobiografía: "Mi
mal había llegado a tal grado de gravedad que estaba simpre al borde del
desmayo." Sentía un fuego interior que me quemaba … Mi lengua reducida en
pedazos de tanto morderla ".
"Mientras que Cristo me
hablaba, no me cansaba de comtemplar la belleza extraordinaria de su
humanidad…" Probaba un placer tan fuerte que es imposible poder probar
semejantes en otros momentos de la vida… "
"Durante los éxtasis el cuerpo
pierde todo movimiento, la respiración se debilita, se emiten suspiros y el
placer llega por intervalos…" (Perfecta descripción del orgasmo!)
"En una éxtasis me
apareció un ángel tangible en su constitución carnal y era muy hermoso ; ví en
la mano de este ángel un largo dardo ; era de oro y llevaba en la extremidad
una púa de fuego. El ángel me penetró con el dardo hasta las vísceras y cuando
lo retiró me dejó ardiente de amor hacia Dios "…
Extasis de Santa Teresa
El ángel se prepara a penetrar
sus vísceras con su dardo (G.L. Bernini)
" El dolor de la herida
producida por el dardo era tan vivo que me arrancaba escasos suspiros, pero
este inefable mártir que me hacía al mismo tiempo probar las delicias más
suaves, no estaba constituido por sufrimientos corporales aunque el cuerpo
entero participase…"
"Estaba en presa a una
confusión interior que me hacía vivir en una continua excitación que no me
atrevía a parar pidiendo agua bendita, y para no perturbar las otras religiosas
que habrían podido comprender su origen …" (Evidente sentimiento de
culpabilidad).
"Nuestro Señor, mi
esposo, me concedía tales excesos de placer que me impuse no añadir nada más ni
relatar que todos mis sentidos eran complacidos…" (idem)
Estos extractos de las
autobiografías de mujeres, llevadas a la locura por la represión sexual, que la
Iglesia convirtió en ejemplos edificantes, no son nada más que la demostración
más evidente de la falsedad de la moral cristiana.
El ser humano necesita sexo de
la misma forma que tiene necesidad de alimentarse. Prolongada la abstinencia,
como el hambre, genera desordenes mentales que llevan al hombre a
comportamientos a veces peligrosos para sí mismo y para los demás. Muchos de
los vicios y perversiones que se comprueban en la sociedad vienen generados por
tabúes que impiden el desarrollo normal de las leyes naturales. La Naturaleza
cuando se contradice, tarde o temprano impondrá sus derechos y de una forma
tanto más violenta cuán mayor es la represión que se efectuó contra ella.
En una sociedad donde el sexo
es considerado como una necesidad fisiológica y no como una fuente de vicio y
pecado, casi todas las perversiones desaparecerían, como las violencias fisicas
y los homicidios que a menudo surgen de un odio hacia la mujer que el hombre ve
como la responsable de la angustia derivada de la represión. El sexo, que en
una sociedad desprovista de tabúes podría ser motivo de relajamiento y
concordia, se convierte así, en un mundo basado en la frustración, motivo de
chantaje, odio y resentimientos.
¿Quién, durante la agonía, al
acordarse de los sufrimientos aguantados durante la vida por la represión, no
llegua a maldecir lo que fue la causa?
Rechazemos por lo tanto,
mientras que aún estamos a tiempo, todos los que nos impiden aprovechar (siempre
respetando la libertad de los demás), de la forma más libre, todas las alegrías
del sexo acordándonos que todas las ocasiones dejadas, además de procurar el
inevitable pesar que tarde o temprano se presentará por el simple hecho de
haberlas perdido, representa más que nada un retraso en la realización de las
experiencias que necesitamos para conocernos y mejorarnos.
El hecho de creer que la
renuncia a los placeres carnales nos vuelve dignos de recompensas después de la
muerte solo es una de las numerosas insensateces sostenidas por el Cristianismo
para imponer, por medio del plagio, un imperialismo basado en una falsa moral.
Rerefencia:
Luigi Cascioli
Sitio Web : http://www.anti-religions.org
www.luigiscascioli.it